El origen de lo que hoy conocemos como el Kiosko de Las Titas, fueron dos modestos y sencillos establecimientos para servir refrescos.
La gestión independiente de cada uno de los templetes conllevaba una seria rivalidad entre ellos.
Era renombrada la sangría con grandes trozos de melocotón. Las patatas fritas se compraban a vendedores ambulantes, pero junto al Puente de "las brujas" se situaba un hombre mayor que con un hornillo asaba "perdices" (patatas asadas) que con el simple aderezo de sal, pimienta negra y algo de aceite era un acompañamiento adecuado al refresco alcohólico.
Estas sencillas instalaciones fueron abandonadas y vandalizadas, como el tranvía que se utilizó como biblioteca y también lo quemaron del Paseo de la Bomba. Más tarde se construyó el templete romántico acristalado más adecuado a las necesidades y condiciones de salubridad actuales. Amplio, cómodo, con servicios sanitarios y almacén en su sótano, barra y mesas para poder sentar a la clientela. Aparte, cuando el tiempo lo permite, ofrece una agradable terraza a la sombra de los árboles y toldos.
Pasa el tiempo y el vandalismo sigue, e incluso se incrementa, poniendo de manifiesto la incultura de unos y la dejadez de otros en perseguir y castigar estos delitos.


Los Kioskos antiguos estuvieron muchos años abandonados y hasta sufrieron vandalismo, llegando a ser incendiados como sucedió también con el Tranvía que había en el paseo y que se usaba como biblioteca.
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