Páginas

▼

La monja emparedada

El emparedamiento era un castigo, generalmente aplicado a mujeres acusadas de infidelidad, aunque algunas lo hicieron temporalmente por penitencia. En algunos casos disponían de un ventanuco por el que podrían suministrarle alimentos y ventilación.
Como reminiscencias de este castigo he conocido celdas monacales en las que apenas tenían visión del altar de la capilla para seguir la misa y puerta para el uso más imprescindible.

El castigo consistía en encerrar entre paredes a la acusada generalmente hasta su muerte y en otros, como tengo noticia de un caso en la ciudad de Úbeda (Jaén), para ocultar su cadáver; en este caso la mujer fue asesinada por su esposo al enterarse de que tenía un amante y de esa forma justificó la ausencia con su huida con él, hallándose sus huesos tras el transcurso de muchísimos años al realizar una reforma.

La ¿leyenda? de la monja emparedada en el Palacio de Dar al-Horra

Grabado de Vinzenz Katzler (1823–1882)

Cuenta Francisco Henríquez de Jorquera en su “Anales de Granada“ pag. 601 correspondiente al año 1615:
"... por el mes de Septiembre, hicieron justicia en esta ciudad de Granada de un hombre llamado Gaspar Dávila, torcedor de seda, vecino de dicha ciudad, por aver rompido la serca de la huerta del monasterio de monjas de Santa Isabel la Real para sacar a una monja de dicho monasterio o tener que ver con ella, por lo cual fue ahorcado en Plaza Nueva, por sentencia de los señores alcaldes de corte de esta Real Chancillería y la dicha monja, que por ser de calidad no nombro, fue mandada emparedar en dicho monasterio sin otros rigurosos castigos que le mandó dar su religión."


Enrique Villar Yebra en su libro “albaicín”, esta referencia no la he podido verificar.
"Y un día, hallándome en el palacio de Daralhorra, que fue parte del convento de Santa Isabel la Real, subí una escalera hacia el lado de una torrecilla que se eleva sobre el testero del Norte y me pareció encontrar allí el escenario de mi sueño; tan idéntico era el sitio, excepto que no había aquel soñado rincón oscuro, sino una pared. La toqué y sonó a hueco. Aquello me excitó. Y como estaban restaurando algo, por lo que andaba por allí José Torres, el maestro de obras de la Alhambra, lo llamé, le hice comprobar el sonido a hueco del muro, y le pedí que me picara en él con una herramienta. No quería y tuve que rogarle mucho para que lo hiciera; temía llevarse una bronca del arquitecto Francisco Prieto Moreno. Pero al final lo hizo y se vio que sólo era un tabique que cerraba un reducido cubículo. Y dentro estaban los restos de aquella desdichada monja que habían condenado a morir emparedada en el siglo XVII. Sólo un montón de huesos desperdigados por el suelo…"

Poco resta decir a lo expuesto, cada cual que se forme su opinión. Pero de cualquier forma hemos de interpretar los hechos según las costumbres del momento en que se produjeron, por muy alarmante que nos parezcan, y no desde las actuales costumbres, leyes o formas de pensar.

"Consuetudo est altera lex" = Grande es la fuerza de la costumbre.

1 comentario:

  1. Que bueno refrescar historias que se tenían olvidadas!!!!

    ResponderEliminar