"Stat crux dum volvitur orbis", "La cruz permanece firme mientras el mundo gira"
Antes de entrar en el detalle del monumento a visitar es conveniente hacerse con la idea de la vida cartujana, cómo viven la semi clausura los que entran a profesar en la Orden, para ello he encontrado un video sobre la Cartuja de Jerez (Cádiz), donde se muestra la cotidianeidad de los monjes y frailes cartujos.
Tras esta introducción nos centramos en el monumento granadino.
Imagen del complejo de "La Cartuja" a principios del S. XX, grabado del "Ordo Cartusiensis" (1919) "Chatreuse de Grenade" en Maisons de l´Ordre des Chartreux vues et notices, Vol. III. Imprimerie et Phototype Notre-Dame des Prés. Neuville-sus-Montreuil, 1919, p. 245.
La joya del Barroco andaluz y con la Sacristía más impresionante del mundo. Bien de Interés Cultural desde 1931.
La fundación se data en 1514, con la llegada de monjes cartujos procedentes del Monasterio de Santa María del Paular. Se inicia la construcción con el apoyo financiero de D. Gonzalo Fernández de Córdova "El Gran Capitán" que cedió terrenos de su propiedad para su ocupación pues pretendía ser enterrado en aquel monasterio edificado en su propiedad. Más tarde el apoyo económico de "El Gran Capitán" se interrumpió, parece ser por la decisión de los monjes de cambiar la ubicación por motivos de seguridad (habían tenido algunos percances con los moriscos vecinos), y decidieron desplazar la construcción a la parte baja del predio.
Continúa la obra en 1516 con diseño del lego Fray Alonso de Ledesma. Obras que se dilataron por 300 años, por lo cual acumula varios estilos artísticos como iremos viendo.
Hoy en día el complejo que se muestra en el grabado inicial se ha reducido por la pérdida del claustro mayor y muchas de las construcciones auxiliares. Restando, milagrosamente y a pesar del expolio de la invasión francesa, lo que mostramos a continuación. El claustro mayor se perdió definitivamente en el S. XX.
Los monjes fueron desalojados por la Desamortización de Mendizábal (1836-1837), quedando el monasterio prácticamente en el abandono, hasta que el Arzobispado de Granada se ha hecho cargo del monumento,
Llegados a la entrada al compás del monasterio nos hallamos ante una portada del siglo XVI obra de Juan García de Prada, de sencilla belleza y de estilo gótico plateresco.
El compás empedrado toscamente, la primera superficie, nos ofrece una construcción (tiendas y servicios) a la derecha y jardín a la izquierda. Tras este jardín y fuera del recinto existió una hospedería (que ofrecía fachada a este espacio y un acceso) y otras construcciones de servicios y talleres.
Tras ascender unos escalones se llega a otra amplia superficie, corta (en cuanto a nuestra dirección) y ancha (como todo el compás). Luego otros escalones nos llevan a otra de igual ancho aunque algo más larga, empedradas ambas con cantos rodados de estilo granadino y nos conduce a la gran escalinata doble de piedra de Sierra Elvira, proyectada por cantero Cristóbal de Vílchez (natural de Baena) del S. XVII que nos conduce al monasterio.
El trazado del empedrado se visualiza mejor según se asciende por la doble escalera.
Situados ya sobre la antepuerta al monasterio, en la fachada de estilo neoclásico de finales del S. XVIII del arquitecto Joaquín Hermoso se hayan tres puertas. La central, la mayor, es la dedicada a dar entrada a la Iglesia a los feligreses. Sobre esta puerta principal se muestra en una hornacina una estatua de San Bruno.
Accederemos por la puerta de la derecha a la portería, que a su vez nos conduce al llamado Claustrillo.
El Claustrillo
Del S. XVII presenta una elegante arquería toscana de piedra de Sierra Elvira. Se llama "claustrillo" por haber sido el claustro pequeño del monasterio. El claustro mayor (Claustrón) hoy día no existe (sus ruinas fueron demolidas en la década de los 40 del siglo pasado), era anejo a este, se unían a través de una puerta que más tarde veremos, en él que se hallaban las celdas monacales, la huerta y el cementerio.
Se ha de tener en cuenta que los monjes de la orden cartuja, cumplen voto de silencio "Ora et labora" como ermitaños en sus celdas, de las que apenas salían para los actos comunes, capítulos, misas y los festivos acudir al Refectorio a comer, por lo demás estaban siempre en soledad y silencio.
Las celdas de estos monjes eran lo suficientemente cómodas y amplias para ofrecer el bienestar debido pero sin lujo o adorno alguno (en algunos casos un pequeño cuadro religioso obra del lego fray Juan Sánchez Cotán), pero contando con espacio de oración, estudio y trabajo suficiente; disponían de huerto en el que trabajar en cultivos que sirvieran a la comunidad, y con ello hacer ejercicio físico, dormitorio, sala monacal, almacén, y retrete al que podían acceder por un pasillo cubierto.
La foto está tomada de la maqueta que se exhibe en la visita.
Adorna el patio del claustrillo una sencilla fuente y jardines de mirtos y naranjos
Una vez en el claustrillo y justo en el punto por el que hemos accedido, nos moveremos en sentido contrario a las agujas del reloj, o sea empezamos por la derecha.
Accedemos a la sala que cumplía funciones de comedor.
"... Solo se comía en comunidad los domingos y días festivos. El resto de las jornadas alguno de los hermanos legos repartía la comida por las celdas con el mayor sigilo..."
Se trata de una amplia sala de amueblamiento escueto, dado que solo dispone de las mesas para poder colocar las viandas y útiles necesarios, siendo el asiento un sencillo banco corrido de obra. La techumbre la soportan un techo de nervadura gótica.
Cuenta con dos partes, una para los frailes legos y otra para los monjes en la cabecera, algo más amplia.
La cocina, alacena y bodega se encontraban debajo (no se visitan).
Aconsejo tomarse el tiempo preciso para observar los cuadros y leer las cartelas de cada uno para comprender la escena que representan.
Las paredes carecían de decoración, salvo el púlpito y su escalera desde el que durante el tiempo de refectorio algún fraile leía las Santas Escrituras.
Posteriormente la maestría pictórica del legoFray Juan Sánchez Cotán, fue iluminando esta y otras salas con sus cuadros de inspiración en la naturaleza o la vida monástica.
La Cruz
Es el primer trampantojo que vemos en la visita y el más popular por la leyenda que protagoniza.
El ojo ve una cruz de madera que cuelga de la pared y muestra los clavos de crucifixión y el cartel INRI en la cabecera, se observa claramente la sombra que el volumen del madero y los clavos producen con la luz que entra por las ventanas superiores de la izquierda... A pesar del realismo el objeto en realidad no existe ese y se trata simplemente de una pintura sobre la pared que produce esa "trampa al ojo".
La leyenda trata de los pájaros que entran en la sala que pretenden posarse en el madero o los clavos, engañados por su realismo, y terminan cayendo desfallecidos por agotamiento.
El autor hace gala de su destreza mostrando un gran realismo en la escena. El suelo que representa en el cuadro es una continuación del suelo de la estancia, así como el foco superior izquierdo de la fuente de luz, el movimiento de Jesús y los apóstoles alrededor de la mesa e incluso la pelea del perro y el gato por hacerse con una raspa de pescado, en el centro inferior de la imagen... La representación de unas telas colgadas desde medio muro permiten suponer que las paredes estaban recubiertas de algún tejido que permitiese incrementar el aislamiento térmico y a la par amortiguar el eco de los sonidos.
Esta sala tenía diversas funciones, siendo la principal el lavatorio previo a la entrada al Refectorio; además espacio de rezo y reunión de los legos con el procurador, capilla para celebrar la eucaristía en la soledad del cartujo y finalmente lugar de velatorio.
Cuenta con un banco corrido y un altar.
Tras el altar se haya otro trampantojo, "el retablo imaginario", que enmarca el cuadro "San Pedro y San Pablo". Obras ambas, de fray Juan Sánchez Cotán, que enseñorean este sencillo y funcional espacio.
Es de observar en el trampantojo como el autor expresa las dos sombras que producirían las dos fuentes de luz de las dos ventanas superiores de la derecha.
Siguiendo nuestro trayecto por el Claustrillo, nos encontramos con una puerta cerrada, que corresponde a la Capilla de San Hugo.
Desde el Claustrillo accedemos a través de la puerta de la imagen a estaaustera sala bordeada por un banco corrido.
Se trata de una de las primeras construcciones del monasterio, de ahí su estilo gótico.
Además su inicial función fue el de Iglesia conventual.
Ya la puerta misma nos sitúa en la época de su construcción.
Cuenta con un altar (vemos altares en cualquier espacio del monasterio, porque todos los monjes tenían obligación de celebrar la eucaristía en soledad diariamente). Se exhiben cuatro cuadros de Vicente Carducho. Sobre el altar una Anunciación, que espera restauración.
Encima se muestra un Crucificado, talla de autor desconocido.
A la derecha del altar, dentro de una hornacina se guarda una imagen de San Bruno esculpida en alabastro, supuestamente obra de José de Mora, merece la pena fijarse en el detalle de la escultura y la expresión del santo; ha perdido el crucifijo de la mano izquierda, y algunas falanges de los dedos, al que dirige la vista el santo.
La singularidad del espacio son las nervaduras góticas de su techo cuya carga descansa en otras que terminan a media altura del paño de pared, dando la sensación de levitar el techo sobre la sala.
Volvemos a salir al Claustrillo y nos encontramos a la derecha la puerta cerrada que daba acceso al Claustron que ya no existe.
En la imagen al fondo.
Si hubiera oportunidad sería interesante poder visitar el otro lado de este acceso, hoy fuera del recinto en la fachada exterior, la Portada del Arma Christi, aunque muy deteriorada, muestra los instrumentos de la crucifixión.
Junto a la puerta del claustrillo se muestra una fotografía del otro lado del acceso.
La Sala Capitular de Monjes
Amplia sala de traza gótica con detalles que anuncian el renacimiento y otros posteriores barrocos, con el habitual banco corrido monacal.
Junto al acceso se haya una detallada maqueta que muestra el complejo monacal en su estado de máxima plenitud.
Merece la pena dedicar unos minutos a su contemplación para comprender las distintas funciones de cada espacio y tomar constancia de la vida monástica.
En una de las esquinas se encuentra la maqueta específica de una celda de monje cartujo, cuya imagen hemos expuesto anteriormente.
Imagen de San Bruno, que en estas fechas se muestra en este lugar, pero que en otras ocasiones ha ocupado el centro de la Sacristía.
Se trata de una magistral talla de José de Mora de la que Antonio Gallego Burín dice: "... a este San Bruno no le queda nada dentro. Todo se escapa, se volatiliza, se pierde en el aire. En el interior, no hay más que fuego..."
A ambos lados del altar se muestran otras dos imágenes:
Es obra de los hermanos Garcia en terracota, escultores granadinos de la primera mitad del siglo XVII iniciadores del barroco andaluz.
Es una imagen a mayor tamaño del natural.
Cuando la conocí en mi primera visita al monasterio se hallaba en una de las pequeñas capillas del Claustrillo, muy pegada a la entrada, y al pasar y verlo de refilón me dio un susto.
La Virgen del Rosario, del escultor granadino José Risueño.
El escultor utiliza telas encoladas junto a la talla que luego policroma simultáneamente.
Ofrece una composición perfecta y de gran naturalidad en la expresividad de los rostros y las manos tanto de la Madre como las del Hijo.
Restaurada en 2019.
Los cuadros
Antes de abandonar la sala hay que dar un repaso a las pinturas de Vicente Carduncho, continuador de la obra de fray Juan Sánchez Cotán tras su fallecimiento, que la decoran.
Estos grandes cuadros, que se muestran en estas salas, se pintaron para cubrir las paredes del Claustrillo; cada uno muestra una escena de la vida de San Bruno o de los martirios de los monjes cartujos. Aunque sean obras seríadas y de realización menos cuidada, al menos no como los cuadros de estudio, cumplían la función educadora de mostrar lo que los monjes y frailes debían conocer sobre la orden cartujana.
Al salir de esta estancia debemos apreciar las puertas que la cierran. Magnífica obra de carpintería del lego fray Juan Martín, natural de Écija (+1612) a base de cuarterones y con clavazón de bronce.
Nos encontramos de nuevo en el claustrillo y se nos abre a la derecha la puerta delos monjes para acceder a la Iglesia, aunque no vamos a entrar aún, debemos observar la puerta y mantenerla en mente.
Las Capillas del Claustrillo
Estas cuatro pequeñas capillas que se abren al claustro, como otras que hay o pudieron haber por el monasterio, y diversos altares tienen por funcionalidad el poder cumplir con la obligación de los monjes de celebrar misa diaria en solitario.
Solo he podido tomar foto de las tres que muestro, pues la más próxima a la entrada al coro de legos se encontraba cerrada.
En una de estas es donde el Ecce Homo me pegó el susto en mi primera visita al monasterio.
Cada una tiene nombre: santa Ana, san Joseph, santa María Magdalena y san Ildefonso. Son muy pequeñas (minúsculas), tienen bóvedas gallonadas y linternas parecidas a la que ilumina la Sala de Profundis citada anteriormente.
Se tiene constancia de la existencia de cuadros sobre los altares terminados en arco de medio punto, cuadros expoliados por el ejercito invasor francés. Después en la desamortización se perdieron los frontales de piedra de los altares.
Y vamos a entrar a la Iglesia por la Puerta de Legos
Mucho más sencilla que la de Monjes que os he mostrado antes, pero con una pila de agua bendita de mucho encanto.
La Iglesia
Es sorprendente la diferencia que existe y se refleja entre los espacios conventuales, donde todo es sencillo y funcional con la suntuosidad de los espacios dedicados a la Casa de Dios, donde es profuso el lujo en decoración, obras de arte, materiales y adornos. Entendiendo esto podremos comprender mejor lo que vamos a ver a partir de ahora.
La vista nos aturde, no sabemos a donde dirigir la mirada, pues todo tiene algún detalle que admirar.
La construcción la inicia Cristóbal de Vílchez en el siglo XVI y se termina en 1662, o sea alrededor de cien años después.
Es el barroco más puro, el concepto más completo del "Horror Vacui", no hay nada vacío de adorno, hasta las luces y sombras trabajan para mostrar algún detalle.
También es curioso fijarse en el tornavoz de los sillares del coro, obra de un detalle exquisito y además muy bien iluminado, al menos durante nuestra visita.
Aunque hayamos sido deslumbrados en la entrada por la vista a la derecha, debemos darle importancia al lugar de los feligreses.
Los fieles acceden al templo por la puerta mayor que veíamos en la fachada desde el atrio del templo, una vez dentro tienen su espacio separadopor un reja del coro en el que nos hayamos.
Veremos en la Iglesia muchas imágenes de escayola, que representan personajes de la Sagrada Escritura, en hornacinas con profusión de adorno alrededor.
No vamos a entrar en el detalle pormenorizado, pero conviene fijarse en ellas.
Ahora si nos vamos a fijar en lo que antes nos deslumbró tanto, y vamos a ver la imagen con el tamaño que merece:
Separa los coros una magnífica obra de carpintería dorada de estilo barroco del Siglo XVIII, que enmarca una puerta de taracea, obra del lego fray José Manuel Vázquez, como toda la que veremos a continuación, especialmente en la Sacristía.
A cada lado hay un altar para las eucaristías en soledad de los monjes, el de la izquierda con un cuadro que representa a "un descanso en la huída a Egipto" y en el de la derecha "el bautismo de Christo", ambas del lego fray Juan Sánchez Cotán en el final de su vida y que no pudo ver colocadas en el lugar para el que fueron creadas.
Sobre el dintel de la puerta existe un espacio, en la foto vacío, que es el lugar destinado a un Nazareno que ahora se muestra en una urna de cristal frente a la entrada al coro que nos ocupa.
Pido perdón por los reflejos de luces sobre el cristal de la urna
El paso entre los dos coros lo cierra una puerta acristalada de dos hojas con la carpintería ofreciendo un exquisito trabajo de taracea obra del lego fray José Manuel Vázquez que se dedicó a trabajar en la ebanistería del monasterio desde 1730 a 1764.
Debemos fijarnos en la sencillez y austeridad de los bancos de ambos coros, comparados los que vemos en otras Iglesias y Catedrales profusamente adornados y labrados con escenas religiosas. Aquí se prescinde de ello, o quizás es que los antiguos han sido destruidos o desaparecidos...
Accedemos al coro de monjes y continúa el alarde de adornos.
Debo llamar la atención por los cuadros que luce la nave. Se trata de una serie de obras sobre la vida de la Virgen María, representan diversas escenas de la vida de la Madre de Jesús. Todas obra de Pedro Atanasio Bocanegra. Quizás el más famoso de la colección sea el que se haya enfrente de la entrada de monjes, que representa a la Virgen con el Niño en brazos.
El Altar
Desde coro de monjes ascendemos unas gradas para llegar al presbiterio.
El altar lo preside el retablo de la Asunción
Sobre la base del altar en un trabajado mármol rosáceo con incrustaciones de otro negro se eleva un magnifico baldaquino, soportado por cuatro columnas que se adornan con ramos de vegetación y espejos, todo ello dorado. En el templete unos ángeles custodian la imagen de la Asunción de la Virgen, obra de José de Mora. Termina el templete una corona dorada.
La cúpula que cubre el altar también merece atención, a pesar de no ser la más impresionante.
Termina con una linterna al uso como las vistas anteriormente, por ejemplo en la Sala de Profundis.
Continúa en ella la muestra de cuadros, estatuas (aquí policromadas) y adornos diversos.
Dos capillas laterales, que aparte de contar con los oportunos altares para la celebración de la eucaristía en soledad obligatoria diaria de los monjes, tienen la función principal de servir como veladores de la Santa Forma que se custodia en el Sagrario,
El Sagrario, capilla central a la que se accede por detrás del Altar Mayor, la comunicación visual de estas capillas con el Sagrario se hace a través de los óculos que mostraremos desde el Sancta Sanctorum.
Y otra a la izquierda que se trata de la Sacristía.
Las capillas laterales
Como hemos dicho antes tienen la función principal de veladores desde los que poder custodiar la Sagrada Forma que se guarda en el Sagrario, dado que el acceso al Sancta Sanctorum estaba restringido al Prior, los monjes oraban y velaban desde estos oratorios; con el que se comunican a través de los oportunos óculos. Aparte de ello disponen de sus correspondiente altares.
En el paso de la puerta de Monjes, hay una puerta cerrada a la izquierda (según nos asomamos al Claustrillo) que abre a un ancho pasillo que fue la antigua Sacristía a continuación a la derecha tiene el acceso a la torre y a la izquierda un pasillo comunicaba con el Claustrón, para facilitar el acceso de los monjes.
Una característica de las cartujas hispanas es la creación de estos espacios separados del presbiterio, como consecuencia de la profunda devoción a la Eucaristía, convirtiendo estos lugares no solo en el que se guarda la hostia transustanciada en el cuerpo de Cristo, sino en la celda donde vive el mismo Jesucristo, donde está presente Dios.
Solo tenía acceso el Prior, de ahí la necesidad de los oratorios laterales que ya he presentado. Y, por supuesto, el sitio más lujoso del monasterio.
Cerrado y separado del presbiterio por una reja acristalada y...
Según las referencias se inició el proyecto de este espacio en 1702. Siendo responsables de dicho trabajo los propios artífices del monasterio; parece ser que hubo errores de cálculo arquitectónico, que conllevaron a que el recién llegado en 1709 como prior padre D. Francisco Bustamante y Arias a tomar la decisión de dejar en manos externas la dirección de la construcción, concretamente en el arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo. De la necesidad de fortalecer la estructura para soportar el peso surgieron las capillas laterales, se reforzaron las estructuras de la esquinas y se modificó el lucernario. En cuanto al trabajo de cantería, labrado y incrustación del mármol se debe al cántabroVicente de Acero y Arebo (que luego fue arquitecto de otras obras, por ejemplo: la Catedral de Granada, la Iglesia del Sagrario también de Granada, la Catedral de Guadix (solo la fachada) y la Catedral de Cádiz, el proyecto)
Óculos que comunican visualmente los oratorios laterales con el Sagrario.
No he comentado nada sobre la solería que pisamos, pero se trata de un extraordinario trabajo de taracea con diferentes tipos de piedras (mármol, granito...)
Desde el mármol rosado en el que se incrusta el de color negro, las columnas salomónicas negras, las volutas doradas y las imágenes que la rodean todo el conjunto es una auténtica maravilla en el que extasiar la vista. No hay imagen que le haga justicia, de ahí que nos conformemos con la genérica que muestro más arriba.
Volvemos al presbiterio y a nuestra derecha dejamos el acceso al Oratorio de la Inmaculada (del que ya hemos hablado más arriba) y a continuación, sin bajar los escalones, nos hallamos ante la puerta que se abre a la Sacristía.
La puerta es la característica ebanistería en taracea, obra del lego fray José Manuel Vázquez, como toda la carpintería que vamos a ver en el interior.
Enmarcan la puerta pinturas de motivos vegetales, frutas y pájaros.
Digna de mención es la originalísima pila de agua benditade mármol blanco que se halla a la derecha, obra de Francisco Fuentes en el siglo XVIII.
Y accedemos al recinto de la que dicen es la más bella Sacristía del Mundo, desde luego es monumental.
Se trata una gran nave. La solería es de piezas cuadradas de mármol blanco y negro en ajedrez, presenta alrededor un zócalo de mármol de Lanjarón (Granada) blanco con aguas marrones, trabajada en tres dimensiones y en algunos casos enmarcadas en piedra de Sierra Elvira gris, pulido todo.
Junto a la puerta de acceso y a cada lado de ella, se abren dos alacenas empotradas en el muro con puertas de taracea.
Aquí vamos a ver que muchas de las incrustaciones no se limitan a las maderas nobles (ébano, caoba, granadillo... y maderas de raíz) sino que algunas son de carey, nácar, marfil o plata...
Me ha resultado imposible tomar fotos precisas de estos detalles, pues está prohibido acceder con trípode y tomar esas imágenes a pulso y a distancia (tampoco nos dejan acercarnos) resulta harto imposible.
Sin duda son detalles que merecen nuestra atención.
Se abren en los laterales unas entradas que acogen los consolas en cuyos cajones se guardaban los ropajes de ceremonia precisos para celebrar la Eucaristía
Sobre el zócalo y las consolas la pared blanca luce adornos de escayola y los cuadros se enmarcan en madera tallada y dorada, talla obra de Luis Cabello.
En la cabecera un altar sobre el que se eleva un retablo de mármol de Lanjarón en cuyo espacio central se encuentra una estatua de San Bruno.
La cúpula es obra de Tomás Ferrer, del año 1753.
Representa a los seis santos ermitaños:
San Bruno
San Juan Bautista
San Pablo ermitaño
San Antonio Abad
San Jerónimo
Santa María Egipcíaca
A los lados del altar se abren unas hornacinas, la de la izquierda tiene una superficie plana, que permitiría apoyar algún objeto o imagen; la de la derecha tiene un aguamanil que serviría de lavatorio de los monjes.
Tras esto, nos resta girar la vista y encaminar nuestros pasos para volver al presbiterio de la Iglesia, atravesarla y salir al Claustrillo por la puerta de monjes.
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