Leyenda que nombra a una calle, paralela por el norte a la calle San Jerónimo, que atraviesa la plaza de la Encarnación.
Relata la leyenda que en una antiquísima y sencilla casa de esta calle, donde vivía una modestísima familia con serios apuros económicos, se encontraban un día cualquiera unos pueriles hermanos jugando a luchar entre ellos. Tal era el ímpetu del juego que fueron a dar con sus cuerpos contra uno de los débiles tabiques de la habitación con la consecuencia de su desmoronamiento.
Entre los escombros y entre el yeso y las cañas que le daban solidez al tabique encontraron un buen número de monedas, de importante valor, que allí había escondidas.
Aquellas monedas fueron suficientes para salvar la difícil situación económica de los padres.
